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DECLARACION DE AMOR

Rebeca Montañez

 


En unos minutos estaré frente a él. El mejor pretexto podría ser J. Joyce, Faulkner ó Kundera. Me acerco a su lugar de trabajo con paso decidido. En el trayecto pienso en los meses que llevo de conocerlo, en este sentimiento que echó raíces y se ha ido extendiendo como hierba fresca en mi solitario corazón, en tantos cafés compartidos, en las tardes mirándonos y en su libre, eterna sonrisa . Me sacudo alguna brizna inexistente, paso la mano sobre mis cabellos recién peinados, inhalo profundamente y empujo la puerta de la librería.

Estoy decidida. En estos tiempos se vale, la supremacía femenina me permite incluso una declaración de amor; después de todo nuestras largas pláticas sobre el boom latinoamericano, las obras de García Márquez y otros tópicos literarios, no son meramente ilustrativas, hay algo más que química entre los dos.

He entrado. Lo busco con la mirada, él parece absorto en su lectura. Como cada día, un escalofrío me recorre. Voltea hacía mi, y sonríe, se me acerca de inmediato. Me derrito.

Sigue sonriendo y yo pienso, "hoy lo invitaré a tomar un café, y cuando estemos frente a frente, tomaré su mano y le diré cuánto me gusta"

Se me acerca, me abraza con suavidad y besa mi mejilla arrebolada por el maquillaje y la vergüenza, siento un calor intenso en la piel.

Me dice con desenfado:
- ¿Y hoy qué libro busca mi cliente preferida? Ven, querida, te enseño este que estoy leyendo...

Toma mi mano y me acerca a un estante. Pone frente a mí el libro, ni siquiera volteo a mirar, prefiero abismarme en sus pupilas. Empieza a hablar, hablar, y hablar del argumento. Espero me dirija una mirada, observe el brillo de mis ojos, el amor que me desborda... pero él parece un vendedor bajo consigna de venta, o un político en plena acometida de verborrea.

No repara en el nuevo color de mi cabello, ni en el corte, mucho menos en la ropa que he elegido para la ocasión. Es doloroso, es triste, mientras él me ignora y se concentra (ahora lo entiendo) en motivarme a comprar las novedades literarias, me siento en un naufragio. Y pienso: Marcia, debiste imaginarlo, no ilusionarte... pero los argumentos de la razón solamente son esquirlas en el alma. Y siento que debo darme prisa, alejarme, o inevitablemente él se percatará de mi angustia. 

Giro sobre mis talones y busco la puerta de salida. Antes de salir a la calle, dejo sobre el mostrador la mejilla arrebolada y el calor... 

         

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